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Columnista
Aplazados en salud
por:   Por Mario Argandoña Yáñez       [2014-01-29  -  17:45:42]

En su mensaje del 22 de enero, el presidente del Estado Plurinacional, Evo Morales, confesó hidalgamente que en salud nos hemos aplazado. “Hay que descentralizar la salud para lo que construiremos 4 ó 5 hospitales de tercer nivel en Cochabamba, y hay que aprovechar la valiosa donación de equipos que agradecemos a la hermana república de Cuba, pero que hasta hoy no han sido utilizados, y pido al ministro que no siga alegando que no es su culpa”. Como siempre, el Presidente está muy por delante de sus colaboradores, y, por supuesto, también de sus opositores, esto es así porque el hermano Evo no pierde contacto con el pueblo, de manera que está permanentemente informado tanto de sus necesidades y aspiraciones, como de lo que se tiene que hacer.

Sin embargo, la declaración del presidente, que ha sido, sin duda alguna, muy oportuna y necesaria, no es suficiente para lograr que el Estado garantice el derecho a la salud con la inclusión y el acceso a la salud de todas las personas, sin exclusión ni discriminación alguna, como ordena el artículo 18 de la Constitución Política del Estado. Esta honesta y valiente declaración tampoco apunta al objetivo de la construcción del sistema de salud descrito en el mismo artículo 18 de la CPE. .

En mi opinión, esta insuficiencia y falta de puntería se deberían a la muy enraizada herencia de paternalismo asistencial que el Gobierno ha heredado de la colonia española y de la neocolonia criolla republicana. En efecto, si se establecen 4 ó 5 hospitales de 3º nivel en el departamento de Cochabamba, son previsibles los siguientes problemas:.

La discriminación y exclusión de las personas que no se encuentra cerquita de estos hospitales –por ejemplo, las familias que viven en las alturas de las provincias de Quillacollo y Sacaba– porque para ellas el acceso al hospital en una capital de provincia seguirá siendo difícil, costoso y hasta peligroso cuando se trata de una urgencia grave. Por otra parte, los hospitales de tercer nivel seguirían atiborrados por la demanda para atender una avalancha desordenada de dolencias que exigen una atención sanitaria apresurada, sin calidad, ni calidez, ni control social, y donde es imposible brindar el tiempo debido a los casos graves o muy complejos. Estos problemas sólo pueden resolverse en centros de Atención Primaria de Salud, establecidos dentro de los lugares donde la gente vive, trabaja y descansa, donde es posible que los trabajadores de la salud adquieran una relación íntima y cálida con todas las personas de la comunidad, haciendo posible la capacitación de la gente para colaborar, investigar y controlar las determinaciones físicas, biológicas, mentales, y sociales de la salud comunitaria. Sólo así se desarrollará la capacidad para atender con eficiencia y calidad el 95 por ciento de los problemas de salud locales, y desde este nivel local y primario se enviarán los casos urgentes y difíciles a los niveles 2º y 3º de la red provincial y departamental, donde llegaría ordenadamente el número preciso de casos que no han sido resueltos en el 1º nivel, lo que permite un trabajo asistencial cuidadoso, con todo el tiempo, la tecnología y los especialistas que se requieran..

En un hospital de tercer nivel es imposible, o por lo menos muy complicado, imaginar y organizar la atención intracultural e intercultural, así como la participación y corresponsabilidad, puesto que los médicos académicos y tradicionales, no están capacitados para trabajar juntos, ni para participar sus conocimientos y acciones con la comunidad. Además, si en los hospitales de tercer nivel se procede a capacitar a los trabajadores de salud y la gente, en la participación solidaria eficiente y efectiva, se tendría que utilizar un tiempo que no es otra cosa que la demora y postergación del derecho a la atención médica y a la participación de las poblaciones más vulnerables. En cambio, esa imposibilidad desaparece si la capacitación se desarrolla en el centro de atención primaria que está familiarizado y comprometido con las personas y familias de su comunidad. .

Por otra parte, no puede retrasarse el pago de la inmensa deuda de salud que el Estado tiene con los grupos que hasta hoy han sido casi totalmente discriminados y excluidos del acceso a los servicios de salud. Por consiguiente, en seguimiento de los principios éticos y socialistas de la justicia social y la equidad, lo importante es dotar de servicios asistenciales de primer nivel, cercanos, eficientes y bien equipados a cada OTB, cada sindicato y cada familia, que así tendrán el primer contacto con el Sistema Único de Salud, tal como está descrito en el artículo 18 de la CPE. Desde un punto de vista puramente técnico, este sistema único tiene que empezar a construirse sobre la enorme base de la población desatendida, porque así se fundamentan con cimientos firmes los hospitales de 2º y 3º nivel, que si no están “correctamente alimentados” por el nivel primario, tienen poco impacto en la salud por su escasa cobertura y sus altos costos..

Para finalizar, es urgente acabar con el paternalismo médico que nos tiene acostumbrados a infantilizar al pueblo soberano, ofreciéndole soluciones sin consultar su opinión informada, y sin conocer a fondo sus problemas reales y sus aspiraciones legítimas. Este obstáculo a la democracia se presentó insolentemente con motivo de la convocatoria a la fallida Cumbre de Salud, que prácticamente negaba la participación de los movimientos y las organizaciones sociales, con el propósito de desarrollar un conciliábulo favorable a las élites burocráticas y académicas del sector salud; es decir, el ministerio, las universidades, los colegios médicos y la minoría de privilegiados que gozan de los seguros de salud..

El único camino para superar este defecto congénito de nuestro, todavía, novato Estado Plurinacional, es –como afirma el artículo 18 de la CPE– desarrollar políticas públicas adecuadas. Pero es necesario aclarar que las políticas públicas pueden ser impuestas por los gobiernos con afanes de dominación y con ínfulas de sabiduría; o pueden ser políticas democráticas y participativas, cuando el pueblo –debidamente informado– elige las prioridades y participa en la planificación, ejecución y evaluación de las actividades de salud. Creo que Bolivia se encuentra hoy frente a una magnífica oportunidad que debemos aprovechar para imaginar y dar realidad al derecho pleno a la salud, tal como se nos muestra en la CPE.

. El autor es médico, exministro de Salud

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