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Columnista
Presos del infortunio
por:  ABC -Digital Asuncion Paraguay (Editorial)       [2011-10-29  -  09:03:08]

Los paraguayos estamos presos de un gran infortunio: la forma miserable en que nuestros principales vecinos, Argentina y Brasil, agreden a la economía nacional, poniéndole la mayor cantidad posible de obstáculos para que nuestro país continúe siendo el “menesteroso” del Mercosur. Es oportuno que los numerosos visitantes de Iberoamérica que se dan cita en nuestro país para participar en la cumbre del bloque conozcan de primera mano lo que sucede en esta parte de la región.

Que quede en evidencia ante nuestras naciones amigas lo que verdaderamente existe detrás de los altisonantes discursos a favor de la “integración” que suelen formular en este tipo de eventos tanto los representantes del Brasil como los de la Argentina.

Los paraguayos estamos presos de un gran infortunio: la forma miserable en que nuestros principales vecinos, Argentina y Brasil, agreden a la economía nacional, poniéndole la mayor cantidad de obstáculos posible para que nuestro país continúe siendo el “menesteroso” del Mercosur. Es oportuno que los numerosos visitantes de Iberoamérica que se dan cita en nuestro país para participar en la cumbre del bloque, conozcan de primera mano lo que sucede en esta parte de la región. Que quede en evidencia ante nuestras naciones amigas lo que verdaderamente existe detrás de los altisonantes discursos a favor de la “integración”, que suelen formular en este tipo de eventos tanto los representantes del Brasil como los de la Argentina.

El estoico pueblo paraguayo contra el cual, en el pasado, se impulsó una guerra de exterminio, soporta desde entonces, sin solución de continuidad, una oprobiosa política de vasallaje por parte de gobernantes argentinos y brasileños, que buscan explotar al máximo la indefensión de nuestro país por su condición de mediterraneidad geográfica. Los paraguayos estamos presos del infortunio, ya que sobrellevamos la desgracia y la condena de tener a estos dos angurrientos países como nuestros principales vecinos.

A modo introductorio, es preciso recordar que los ríos Paraná y Paraguay son las principales arterias que facilitan y aseguran nuestra comunicación con el mundo. Ahora bien, Argentina siempre ha buscado utilizarlas como armas para estrangular nuestro comercio exterior, dificultando así cualquier posibilidad de desarrollo.

Cuando se concibió la construcción de las dos centrales hidroeléctricas ubicadas en el río Paraná, Itaipú y Yacyretá, nuestros vecinos se ocuparon de incluir en sus tratados constitutivos las cláusulas por las cuales nos obligaban a cederles la energía de nuestra propiedad que no consumimos a un precio vil, prohibiéndonos además la posibilidad de disponer libremente de ella para exportarla a terceros países.

Estas disposiciones draconianas rigen incluso hoy, cuando ellos se llenan la boca hablando de “integración”. Es así como están obstaculizando por todos los medios a su alcance la oportunidad que se nos presenta de vender al Uruguay y a Chile parte de la energía eléctrica que se produce en ambas usinas y que nos pertenece por derecho propio. Solo que ahora la estrategia de obstrucción que aplican es más sutil, al mismo tiempo que infame, de la que usaban en el pasado. En la actualidad les interesa salvar las apariencias, y por eso recurren a astucias de índole “técnica”.

Por ejemplo, nuestros vecinos del sur, los argentinos, han dispuesto el cobro de un canon o “peaje” abusivo para que nuestro país pueda utilizar su red de transmisión eléctrica para facilitar el tránsito del producto al Uruguay. Arbitrariamente, pretenden que el Paraguay pague 50 dólares por el paso del megavatio/hora, mientras que al Brasil le cobran solamente entre 8 y 12 dólares por la misma operación comercial; despropósito este que roza los límites de una vulgar estafa

. Es evidente que estas trampas de la Argentina gozan de un gran beneplácito del Brasil, que de seguro está presionando a los funcionarios argentinos para que nos hagan lo más difícil posible, si no imposible, la concreción de un negocio lícito, cuyos efectos tendrían una enorme incidencia en el crecimiento de nuestra economía y, por ende, en la superación de la miseria y el atraso con los que nos venimos debatiendo sacrificadamente desde épocas pretéritas.

Se preguntará el amable lector que hoy se encuentra de visita en nuestro país qué gana el Gobierno brasileño con esto. En primer lugar, impedir que los paraguayos dispongamos libremente de lo que nos pertenece para que ellos cuenten con el máximo potencial de energía eléctrica de Itaipú que se pueda para propiciar su propio desarrollo industrial. Así logran fomentar la expansión de su economía con nuestra energía hidroeléctrica. Por otra parte, se aseguran que el Paraguay pobre siga dependiendo eternamente del Brasil; que continúe sujeto a su despótico e imperialista poder.

Ni más ni menos que la política obstruccionista argentina impulsada contra el Paraguay desde antes de la Guerra de la Triple Alianza, vuelta a demostrar con el ultrajante bloqueo del río Paraguay que un grupúsculo de resentidos sindicalistas fluviales argentinos, apañados por las autoridades gubernamentales de su país, impusieron a nuestro comercio exterior a fines del año pasado, que supuso un perjudicial costo de 300 millones de dólares para nuestra frágil economía.

Nada conmovió a las autoridades porteñas para que disuadieran a los sindicalistas gubernistas de seguir castigando al Paraguay, ni los tratados de libre navegabilidad de nuestros ríos, ni el libre tránsito consignado en los acuerdos del Mercosur, ni siquiera la consideración de que por la hidrovía se mueve el 80% del comercio de una nación mediterránea como la nuestra.

Esta es la desafortunada situación de dependencia que afecta al Paraguay desde épocas ancestrales, y la que, seguramente, explica el motivo por el cual las señoras presidentas de la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, y del Brasil, Dilma Rousseff, no están hoy en el territorio de la República, participando en la XXI Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.

Desgraciadamente –hay que decirlo– la solidaridad de la mayoría de los países que este sábado están aquí representados ha brillado por su ausencia. Nadie ha levantado su voz para intentar revertir el infortunio que, al decir de nuestro máximo escritor, Augusto Roa Bastos, “se enamoró del Paraguay”. Mientras muchos “progresistas” andan ocupados en combatir contra remotos “centros de dominación”, los paraguayos soportamos el más nefando imperialismo por parte de dos naciones vecinas autoproclamadas “hermanas”.

Nunca aceptaremos resignados su feudalismo. Por eso hoy lo volvemos a denunciar ante el mundo y ante los ilustres visitantes que se dignaron poner pie en nuestro amado país. 29 de Octubre de 2011 00:00

<--- ATRAS







 

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