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    Cochabamba, 7 de Julio de 2020
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Culturales 
La guerrilla que contamos


[2017-07-24]
Fragmento del prlogo del libro que presentarn el jueves 27 de julio Jos Luis Alczar, Juan Carlos Salazar y Humberto Vacaflor, los tres corresponsales bolivianos durante la guerrilla del Che, sobre la historia ntima de esta cobertura emblemtica.

Gonzalo Mendieta Romero Abogado

Esta es la historia de los testigos, cuando ya estamos todos algo hartos de hablar de los protagonistas de la guerrilla del Che Guevara, pletrica de egos, tragedias, excomuniones, dislates y desencuentros.

Tres periodistas veinteaeros que hacan sus primeras armas en un peridico y una agencia de noticias de una ciudad perdida en los Andes, con apenas el poder que les delegaban sus jefes de prensa o sus familiares.

Gracias al Che que no imaginaba los efectos que su guerrilla tendra en la vida de algunos individuos, a falta de xito poltico, los tres pasaron, de espectar la siempre movida, pero perifrica, poltica boliviana desde el edificio de Presenciay de la agencia Fides, a la primera fila de las noticias mundiales. En un tiempo en que trabajar en el extranjero era, para los bolivianos, harto infrecuente, ellos ejercieron luego fuera y con mrito. En los aos 70, de cuando provienen mis primeros recuerdos, sonaba prodigioso por complejo que un boliviano se moviera con acierto en el mundo. Y lo hicieron.

Presencia

Los coautores quedaron unidos en su paso al cubrir la guerrilla por la Agencia de Noticias Fides (ANF) y Presencia, el diario catlico que comenz como revista, quincenario y semanario en los aos 50, en medio de la hegemona movimientista que hizo "pampa rasa con todo el periodismo previo. Los obispos, con la paciencia de milenios, construyeron un medio independiente y respetado por el Estado, y los jesuitas, con Pepe Gramunt, la primera agencia de prensa boliviana, entre polticos y militares a los que el cuento de la libertad de expresin no les taladraba el alma.

En los aos 60 Presencia era ya uno de los principales medios del pas, cuando slo competa con la radio, y la TV estaba en germen. Lo diriga don Huscar Cajas, un tomista viudo, honorable, letrado y, si no se enfadan, un tris taimado. Dominaba su redaccin como un monarca ilustrado.

Las historias que he escuchado recalan en el parecido que algunos de sus subordinados le imputaban con el rey Guzig, de la historieta Trucut, infaltable en la edicin dominical de Presencia.

Ms pcaros son los torneos fsicos, entre burlones y crueles, que dicen que Cajas, un hombre grande para el discreto promedio local, infliga a sus amigos, los petizos del peridico, a la vista de todos. Ninguno de los autores se me ha quejado por si acaso, pero reservo mis fuentes.

Jos Luis Alczar cuenta aqu, por ejemplo, cmo una amenaza militar de juicio y detencin contra l fue sofocada por Cajas, que sostuvo que cualquier juicio deba ser dirigido a l, como director.

Cajas, un primado de la Iglesia boliviana, sin mitra, gozaba de un fuero no escrito. Y los autoritarios militares del gobierno de Barrientos, en media guerrilla guevarista, lo saban.

Recuerdo que en sus artculos, Cajas gustaba citar la frase virreinal: "Quien nada tiene de inga (inca), algo tiene de mandinga (diablo). Los tres autores de este libro tienen pues algo de inga, nacidos dos en Tupiza y uno en La Paz. Al leerlos y contra la moraleja igualitaria de ese dicho virreinal limeo, es tambin imposible negarles su dejo de mandingas, aunque mocosos, sagaces en su pega de corresponsales.

Jos Luis Alczar

En el libro se ve a los autores giles al "colarse en el avin presidencial y presenciar cmo un jerarca -despus asesinado- de la seguridad del Gobierno, se ufana de haber puesto a Regis Debray en la compuerta abierta del avin en vuelo, amenazando con lanzarlo. U obteniendo un permiso para meterse en la zona militar, firmado por el general Alfredo Ovando porque las relaciones familiares de uno de los autores le daban esa llegada, aunque eran insuficientes para admirar al rgimen del que Ovando era una de sus cabezas. O intercambiando cartas picantes con Oriana Fallaci, la entrevistadora italiana para quien Debray era un vanidoso y mimadito nio bien (opino lo mismo), por ms defendido que estuviera por Alberto Moravia o el gran Franois Mauriac

Jos Luis Alczar fue el ms diligente de los tres autores al ocuparse de lo ocurrido en 1967, pues en 1969 puso en circulacin en Bolivia y Mxico, su libro ancahuasu, la guerrilla del Che en Bolivia. El Gato, al ponderarlo, asigna ese libro a la escuela del "nuevo periodismo de Tom Wolfe y el argentino Rodolfo Walsh. Sin la formacin profesional del Gato, los libreros piratas lo intuyeron, al reproducir, ellos, y nosotros tambin al comprar y leer el difundido libro de Alczar.

Jos Luis tiene un estilo ms seco que sus colegas, aunque para quienes valoramos la cortesa del humor, no pasa inadvertido que, a guisa de ejemplo, nos cuente que en el combate del 16 de mayo de 1967, "la nica vctima registrada fue una ambulancia.

Alczar es el corresponsal que toc la mano del Che al atardecer del 9 de octubre, todava perceptiblemente caliente. Lleg all y tuvo la "pepa (primicia) periodstica de la captura del Che por azar, pues su plan era otro: hacer una entrevista que Huscar Cajas no crea que fuera a ser la "del siglo. No les cuento ms ni lo que dice Jos Luis de la chamarra del Che y de su relacin con los restos desenterrados en los aos 90, porque mi tarea es slo picarlos para que lean este libro desde la primera fila de platea del teatro de operaciones

Gato y Humberto

A diferencia de Jos Luis, paceo, Humberto y el Gato provienen de esas familias de los valles del sur, ese sur derrotado, que nos export a todos a La Paz. Slo Humberto ha vuelto al sur, donde vive.

El Gato es hombre de socarroneras veladas, de la sonrisa de saber algo ms. De l aun hoy un jesuita y periodista sostiene que la astucia lo acompa desde joven, cuando era aprendiz del padre Jos Gramunt SJ, en la Agencia de Noticias Fides y fue su corresponsal en la guerrilla. No por nada supo al final de su carrera sortear tormentas como director de Pgina Siete. All ratific su fuste talentoso y libre, un felino ileso en campo minado.

El Gato y Humberto se conocieron de changuitos en su natal Tupiza y fueron discpulos de Lber Forti, hombre del anarquismo, el teatro y la poltica, que sembr admiradores y leyendas. En mis tiempos universitarios se deca que Lber inspir al lechinismo la falta de mtodo que sus detractores trotskistas o comunistas le achacaban. En todo caso, el mtodo no ayud mucho a estos ltimos a lidiar con los impetuosos, arrojados y altaneros cubanos en Bolivia.

A la guerrilla le faltaron traductores culturales y polticos, capaces de entender la maraa boliviana y no subestimarla. Esa maraa que estos tres jvenes dan muestras de haber comprendido, movindose con susto y habilidad, entre militares, tiros, corresponsales internacionales, agentes y buenas mozas camireas.

Aunque no les he preguntado, presumo que escribir un libro juntos, 50 aos despus, es signo de que la amistad de los tres autores no ha sufrido. En el texto, el Gato se re con Humberto, y ste con Jos Luis. Nos dice, por ejemplo, que los casados de Presencia resolvieron que ellos dos, solteros, fueran los corresponsales en la guerrilla. El primero fue Humberto porque "en ese momento era el ms soltero de los dos .

Humberto, no lo voy a descubrir ahora, posee un sarcasmo que no le ha trado slo fervores. En un medio en el que el poder poltico provoca afectos insospechados, que l haya repudiado a varios con tesn, y en su mejor momento, es excepcional.

Tres posiciones, tres estilos

Como su generacin, en sus textos los tres comparten una inevitable nostalgia por ese tiempo que les cambi la vida. Los tres, de algn modo, estuvieron vinculados al izquierdismo sesentero y setentero, y fueron tambin material de exportacin como corresponsales de medios periodsticos del orbe, aunque con picarda hagan como si fueran lo mismo la BBC de Londres que radio Chorolque de Tupiza, como reza la frase-rbrica del Twitter de Humberto. Los tres coincidieron en Mxico, trabajando, hasta hacer mayora circunstancial, e inexplicable para los visitantes, de bolivianos corresponsales en las conferencias de prensa en la capital mexicana.

El Gato milit en el PS-1 de Marcelo Quiroga Santa Cruz, y si le creemos a Humberto, Jos Luis alberg simpatas por la guerrilla. Humberto siempre insisti, por su lado, en su identificacin con Lber Forti, y mi impresin es que comparti en su momento los sellos generacionales de la izquierda que no era foquista. Los tres coautores fueron dirigentes de la (iba a poner "combativa por reflejo condicional boliviano) Federacin de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, y produjeron su tesis socialista en 1971.

En cualquier caso, por ejemplo el texto de Humberto ya anuncia su posicin actual sobre la guerrilla: El Che en la nsula Barataria. Los lectores encontrarn ms neutralidad en el texto de Juan Carlos, ms cercano de la crnica que del juicio, como tambin una parte de los escritos de Jos Luis en este libro. La otra parte expone su tesis sobre la escuela internacional guerrillera que el Che pensaba implantar en Bolivia, no sin traducir, a mi juicio, una mirada de reproche para el argentino. Vacaflor trae sus "recuerdos del presente, de la circunstancia poltica del pas en 2017, a jugar un papel en este libro que le hace decir que escribe ahora, ya no en el exilio, sino en "el exilio del exilio. Puesto a elegir, lo prefiero, empero, cuando caricaturiza, cual un expresionista, lo que podra pasar por mero costumbrismo. As, cuenta de un oficial en Villamontes que yace en un barril de agua, leyendo el peridico con las manos que salen del mismo lquido, sin dejar saber si tienen cuerpo que las sostenga. El calor lo tena ms mosqueado que la guerrilla. Y los soldados le traan hielo para enfriar el agua de rato en rato. La cerveza ya vena fra...

Los jvenes corresponsales que fueron aparecen en todo el aburrimiento de esperar horas, slo para enterarse de que los militares no eran giles, los haban eludido y escapaban con el botn de noticias. O soportando como "periodistas flemticos e impasibles los agravios, slo para despus intimar con los ofensores de uniforme, ya devenidos en gente comn y por momentos, cercana.

Esos corresponsales visten uniforme de los "rangers de mala gana, requisito para ir a la zona de combate y or cuando las balas zumban PAGINA SIETE









 

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