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La libertad de expresión es patrimonio de la humanidad

Culturales
No somos hijos del desierto ni el país nació de gajo


[2017-08-04]
Mariano Baptista Gumucio

Abandoné la política militante en mi juventud al ver el desmoronamiento de las esperanzas de abril de 1952, advirtiendo, como decía Borges, que las ideas nacen tiernas pero envejecen feroces. Fui nombrado Secretario de Cultura de la flamante COB, que dirigía Juan Lechín Oquendo. Tomé pues partido, de una manera apasionada por la cultura, entendiendo que su fomento y expansión salvará a Bolivia, como no pudieron hacerlo el salitre, el caucho, el estaño y el gas y ni siquiera la coca-cocaína, que hasta ahora sólo nos ha traído desgracias.

Pasé por el Ministerio de Educación, en tres oportunidades, cuando con muy escasos recursos tuvo lugar una campaña de alfabetización que fue distinguida con una medalla de UNESCO y diversas obras pedagógicas e instituciones culturales que me valieron el premio Andrés Bello, de la OEA. Se logró también, sin costo para el Estado, la recuperación del Palacio Chico, en la calle Potosí, para sede del Ministerio de Culturas, así como el Museo de Arte Moderno en Santa Cruz.

En Ultima Hora creamos la revista cultural Semana y la Biblioteca Popular, que alcanzó a editar 300 mil libros de 50 autores noveles y otros consagrados, distribuidos en las calles por los canillitas. Publiqué varias obras dedicadas a algunos varones, cuya labor intelectual o política quise destacar, desde Bartolomé Arzans de Orsúa y Vela, hasta José Cuadros Quiroga, inventor del MNR, pasando por Alcides D’Orbigny, Gabriel René Moreno, Franz Tamayo, Man Césped, Carlos Medinaceli, Augusto Guzmán, Wálter Guevara Arze, Augusto Céspedes y Joaquín Aguirre Lavayén.

El país no ha nacido de gajo y nosotros los que llevamos el gentilicio de bolivianos no somos hijos del desierto. Abominar del pasado no sólo es cosa de mentecatos sino de almas ingratas, pues lo que somos lo hemos heredado, con sus luces y sus sombras.

Y habiendo pasado en vela algunas noches en el Palacio Quemado, escribí también sobre ese caserón, una biografía desde sus inicios como cabildo de La Paz. El edificio está indisolublemente ligado a la historia de Bolivia; nada tiene que ver con el imperio romano o el español y además de los tres magnicidios que se cometieron allí, en sus paredes se concentró el poder político por casi dos siglos. En su lugar y a sus espaldas, se ha construido un bloque de cemento de 29 pisos como nuevo símbolo del Poder Ejecutivo. Aún se ignora qué suerte correrá la devaluada y calumniada casona que da a la plaza Murillo.

Me ocupé en otro volumen de los jesuitas, que nos legaron los bellos templos y la música barroca de Moxos y Chiquitos, hoy patrimonio de la Humanidad. A pedido de los comunarios de San Cristóbal en los Lípez de Potosí, escribí un libro sobre esa mina de plata, la tercera más grande del mundo y rival del Cerro Rico de Potosí.

Dediqué otras obras al tipo de escuela y de educación que aún perviven en Bolivia, pues desde mis años de escolar hasta los de ministro, consideré que era cruel y además insignificante, en términos de rendimiento, el encerrar a los niños y jóvenes por 12 años en aulas que muchas veces parecen cárceles, mientras el mundo ofrece tan maravillosas posibilidades de educación, con el apoyo de los modernos sistemas electrónicos. Desde hace 16 años, sin faltar una sola vez, dirijo el programa televisivo semanal Identidad y magia de Bolivia, que me ha permitido recorrer varias veces el país.

De niño fui horrorizado espectador del sacrificio del Presidente Villarroel y pienso que desde entonces, mucho antes de saber de Ghandi, me hice un practicante de la no violencia, sin que ello negara mi convicción de que en la vida se debe luchar por lo que uno cree que es justo y ayudar a los que no pueden hacerlo, por su indefensión, su edad o su sexo.

Bajo las difíciles circunstancias que vivimos quiero añadir un pensamiento de M. Cioran cuando afirma que todas las revoluciones empiezan con ángeles y trompetas, pero que concluyen con comisarios y metralletas.

He consagrado los últimos años a publicar nueve antologías de viajeros, acerca de las ciudades y departamentos de Bolivia, del siglo XVI al XXI, como otra manera de buscar la comprensión entre los bolivianos y la autoestima de cada región. (Resumen de las palabras de agradecimiento del autor a la cámara del libro por el premio Trayectoria Literaria).

Mariano Baptista Gumucio es periodista e historiador.








 

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