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Mar para Bolivia
El antojo de un diplomático chileno


[2016-03-20]
Relaciones internacionales

Muchas veces en el pasado Chile ha apostado con éxito a las divisiones internas de los bolivianos para asegurarse de que sus intereses prevalezcan.

Wálter Guevara Anaya
consultor en temas democráticos

Hace pocos días el exdiplomático chileno Jorge Canelas evaluó las perspectivas de mejorar las relaciones de su país con Bolivia, relaciones que fueron rotas desde 1978 por el Gobierno boliviano. Lo hizo en un artículo publicado en El Libero del 26 de febrero de 2016.

El embajador Canelas celebra lo que se imagina fue un choque frontal con la realidad sufrido por el presidente Evo Morales. Con un entusiasmo apenas escondido argumenta que los resultados del referendo del 21 de febrero en Bolivia abren una oportunidad para que Chile recupere la iniciativa que perdió hace un tiempo.

De 2010 a 2014 el embajador Canelas se desempeñó como cónsul general de Chile en Bolivia. Canelas es nieto de un boliviano que fue a estudiar medicina en Chile. Como muchos otros bolivianos, su abuelo terminó casándose con una joven local y quedándose de por vida en el nuevo país.

A pesar de sus raíces y familiaridad con Bolivia, el embajador Canelas insinúa en su artículo que Bolivia está al borde de un cambio de régimen. Según su insinuación, el No del referendo boliviano es similar al No que el pueblo chileno dio en octubre de 1988 al intento del dictador Augusto Pinochet de quedarse en el poder después de 15 años de dictadura sangrienta.

No cabe duda que ese resultado llevó a un cambio de régimen en Chile. Las elecciones presidenciales y parlamentarias se llevaron a cabo el 14 de diciembre de 1989. Ese fue el fin de la dictadura de Pinochet.

Por el contrario, el 21 de febrero de 2016 el electorado boliviano se limitó a rechazar una propuesta de enmienda constitucional que le hubiera permitido al presidente Evo Morales presentar su candidatura en 2019 para un mandato adicional. El actual mandato del presidente Morales concluye en 2020.

Sería demasiado fácil señalar lo similar de las dificultades encaradas hoy por la presidenta Bachelet de Chile y el presidente Morales de Bolivia. Los precios de los productos de exportación de los dos países están sufriendo una declinación marcada en los mercados. Acusaciones de corrupción persiguen a los dos regímenes.

A pesar de estas similitudes, las dificultades de los dos gobernantes han tenido un impacto muy diferente respecto a la aprobación y desaprobación de sus respectivas gestiones. Hacia fines de febrero de 2016 los índices de aprobación de la presidenta Michelle Bachelet cayeron al 20%. Su desaprobación subió al 70% (encuesta de CADEM).

Las encuestas de meses anteriores en Bolivia mostraron que mucha gente que votó por el No en el referendo aprobaba el desempeño del presidente Morales. Los bolivianos impusieron la alternabilidad democrática en la cúpula. Al contrario de lo que muchos desean en Chile, esto no es el fin del mundo, ni del régimen ni del amplio apoyo interno que tiene la política boliviana de recuperar una salida soberana a un puerto útil sobre la costa chilena.

El 24 de abril de 2013 Bolivia instituyó un juicio contra Chile ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ). El presidente Morales tomó esta acción después de que Chile dejara de lado conversaciones basadas en una agenda mutuamente convenida de 13 puntos, la cual incluía la discusión del reclamo portuario. Cuando Chile ignoró durante años los intentos de Morales de resumir estas conversaciones, éste respondió con la demanda.

El embajador Canelas quiere sacar las relaciones futuras entre Chile y Bolivia del ámbito judicial. Quiere que la iniciativa de Chile regrese al área bilateral, sin que sea perturbada por actores multilaterales como la Corte Internacional de Justicia, la más alta corte de las Naciones Unidas. Como primer paso recomienda que Chile salga del Pacto de Bogotá, bajo el cual Chile, Bolivia y la mayor parte de las naciones de América Latina acordaron en 1948 someter sus diferencias a la CIJ, el cuerpo judicial multilateral que sesiona en el Palacio de la Paz en La Haya, Holanda.

En su demanda Bolivia sostiene que Chile, mediante un número de ofertas realizadas antes y después de 1948, incurrió en una obligación de negociar con Bolivia de buena fe un acceso soberano a un puerto útil sobre el océano Pacífico. Basándose en decisiones anteriores de esta corte, Bolivia le ha pedido que sustente esta obligación y determine que Chile debe cumplirla.

El primer paso que Chile tomó cuando se enteró de la demanda boliviana fue objetar a la competencia de la corte. Invirtiendo el orden en que sucedieron las cosas, sus principales diplomáticos declararon que Chile había cancelado la agenda de los 13 puntos debido a que Bolivia entabló este juicio.

En su objeción preliminar Chile sostuvo que la demanda de Bolivia esconde un pedido de revisar el Tratado de Paz y Amistad de 1904, mediante el cual Bolivia le entregó a Chile la totalidad de su costa marítima de unos 400 kilómetros de largo más 120 mil kilómetros cuadrados de un territorio donde se encontraban los depósitos de cobre más ricos del mundo.

La corte rechazó la objeción preliminar presentada por Chile y decidió aceptar este caso. Siguiendo el procedimiento de la corte, Chile tiene que responder a los argumentos de Bolivia en un memorial que debe ser presentado el 25 de julio de 2016 en La Haya. Si Chile sigue el consejo del embajador Canelas y denuncia el Pacto de Bogotá, esa acción no tendrá ningún efecto en la demanda boliviana.

El proceso continuará debido a que la demanda fue presentada antes de cualquier repudio de la corte por parte de Chile. La única manera de la cual Chile podría retirarse de este caso sería abandonándolo. De ser así el caso procedería sin la presencia de la defensa chilena. La corte podría declarar a Chile en rebeldía.

En su artículo, el embajador Canelas echa de menos tres atributos de la diplomacia chilena: visión estratégica, poder de decisión y un sentido de responsabilidad histórica. Los chilenos que planificaron, combatieron y ganaron la Guerra del Pacífico a finales del siglo XIX tenían esos atributos. Ellos tenían una conciencia clara de la necesidad de conceder a Bolivia un acceso soberano a un puerto útil sobre el Pacífico. De no hacerlo Chile tendría dificultades interminables con su vecino. Con las excepciones señaladas en la demanda boliviana, las generaciones posteriores de chilenos que se beneficiaron inmensamente de los resultados de esa guerra perdieron esos atributos.

Muchas veces en el pasado Chile ha apostado con éxito a las divisiones internas de los bolivianos para asegurarse de que sus intereses prevalezcan. El embajador Canelas se engaña y engaña a sus compatriotas cuando se imagina que las dificultades que encara el presidente Morales le abren a Chile una ventana de oportunidad para lograr que Bolivia baje los humos, se olvide de la demanda ante La Haya y acepte las condiciones unilaterales impuestas por Chile desde siempre.

Adaptado y traducido del inglés por el autor. Pagina Siete








 

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