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    Cochabamba, 23 de Mayo de 2019
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Sociales
La medicina entre el comercio y el delito


[2019-04-16]
TERAPIA INTENSIVA

Por Fernando Patiño Sarcinelli

Recientemente se ha revelado otro delito que mancha el ejercicio de la medicina, cuatro casos en poco más de un año. En octubre de 2017 se conoció que médicos de la CNS usaban el laboratorio de un hospital de la Caja para analizar muestras de patología de sus pacientes privados, en claro uso ilegal de bienes del Estado.

En abril de 2018, gracias a denuncias de Página Siete, se descubrió un grupo de servidores, médicos incluidos, que cobraban como servicio privado por tratamiento de radioterapia en el Hospital de Clínicas, con perjuicios y atraso para los pacientes inscritos en dicho hospital. Además se hacía cobro indebido por servicios inexistentes. Hago un breve recuento de estos hechos como tónico para la memoria.

La falsificación de medicamentos se suma a estos delitos y está siendo investigada. En pocos días se ha descubierto una red nacional que se inicia en el Desaguadero. No es coincidencia que el proceso comience en una frontera, donde el contrabando y el tráfico de otras drogas circulan fácilmente. Lo que es más llamativo es que la misma población ha puesto resistencia a las investigaciones. Un detalle agravante es que hay médicos que no se preocupan con el origen de los medicamentos y recetan productos “genéricos” de dudosa procedencia.

Ahora se investiga la venta de órganos (riñones) para trasplante, también en instalaciones de la CNS. No hay mucho que investigar, los “donantes” que venden un riñón lo tienen anunciado en FB, WhatsApp o carteles expuestos en hospitales públicos. El equipo que realiza el trasplante ya es conocido y reincidente, además sabe que actúa de forma ilícita. Falta saber el resultado de los trasplantes ya realizados, probablemente los receptores (pacientes) prefieren el anonimato o han fallecido. Obviamente que los vendedores no pueden identificados ni ser reincidentes. ¿Quién sabe cómo se hacen los registros o la historia clínica de estos casos? Obviamente los protagonistas no tienen interés de dejar pruebas.

En el caso de trasplante de médula ósea (la fábrica de sangre, un órgano líquido que se regenera casi infinitamente) para tratamiento de leucemias, los donantes podrían ofrecer repetidamente su médula. Podrían entonces crear un mercado negro. En Bolivia todavía no se realiza ese tipo de trasplante.

Lo más grave de todo esto es que existen equipos de profesionales que son autores o cómplices de un negocio ilegal, simplemente un delito o crimen premeditado. Quién sabe cuántos pacientes o “donantes” habrán perdido la vida en este negocio. Muy fácil para el equipo médico que emite un certificado de defunción atribuir la muerte a una falsa causa “preexistente” sin que nadie pueda contradecirla.

Lo trágico es que los pacientes, en la desesperación de una enfermedad que los condena, buscan soluciones ilícitas con profesionales inescrupulosos. ¡Qué fácil es justificar que “apenas están tratando de ayudar a los enfermos”! Por algo la ley es clara, la donación prohíbe la compensación económica, o cualquier sinónimo que quieran usar como “cambio por factor económico”. Debemos aclarar que en Bolivia prácticamente sólo se realizan trasplantes de riñón (donantes vivos) y de córneas (cadáveres).

En la desesperación, los paciente condenados a diálisis entienden que un trasplante es la única solución para terminar el martirio de cada sesión de diálisis, tres veces por semana. Por otro lado, estos pacientes deberían calcular que al comprometerse con profesionales inescrupulosos están corriendo el riesgo de poner su vida en manos de médicos de dudosa reputación profesional y humana, por eso aceptan participar en estas tramas.

En Bolivia, como en todo el mundo, la ley prohibe la compensación económica por donación de cualquier órgano, incluso por donación de sangre que es un trasplante simplificado. La razón es muy sencilla, en el momento que hay intereses económicos, el donante fácilmente puede ocultar ser portador de enfermedades transmisibles u otras patologías que ponen en riesgo su propia vida y la vida del receptor. Y los médicos saben que al aceptar a un donante pagado (con necesidades económicas) están participando de un negocio ilícito. El receptor de este tipo de negocio debe saber que puede ser víctima de una trama o un delito donde su salud es lo que menos importa.

Fernando Patiño Sarcinelli es médico internista, oncólogo y fotógrafo.








 

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