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Presidente o dirigente, el dilema


[2017-02-19]
Evo Morales ha ejercido, durante los últimos 11 años, la doble función del Presidente de Bolivia y de presidente de las seis federaciones de cocaleros del Chapare.

Al margen del dilema ético y de las críticas de sus opositores, el Presidente no había enfrentado, hasta ahora, un problema concreto por esta dicotomía.

Actualmente se encuentra en puertas de su tratamiento legislativo, el proyecto de ley general de la coca, que pretende la legalización de 20.000 hectáreas del arbusto en Bolivia, de las cuales, 12.000 estarán en los Yungas (las mismas que permite la actual Ley 1008 en esa zona), 7.000 se legalizarán en el Chapare y 1.000 en el norte de La Paz.

Los cocaleros yungueños han rechazado de plano el proyecto y se han trasladado hasta el centro mismo de La Paz con la intención de ingresar a la plaza Murillo y cercar el edificio de la Asamblea Legislativa para evitar su aprobación.

Ellos quieren que se reduzca la cantidad de coca legalizada en el Chapare y que se aumenten las plantaciones permitidas en los Yungas. Su argumento es que la mayor parte de la producción de coca del Chapare se destina al mercado ilegal del narcotráfico, mientras que la coca de los Yungas es requerida para el tradicional acullico.

La versión de los dirigentes de Yungas tiene asidero no solamente por su palabra, sino por los informes oficiales de Naciones Unidas, que indican que el 93% de la producción de la zona del Chapare no pasa por el mercado legal de Sacaba, lo que implícitamente se entiende como un desvío para actividades ilegales.

Además, es por demás conocido que la coca de los Yungas es la preferida por los acullicadores del país y no así la del Chapare.

La legalización de la hoja de coca del Chapare es un viejo anhelo de los productores de esa zona, desde que Evo Morales era únicamente un dirigente sindical que, entre bloqueo y bloqueo, conseguía una que otra concesión de parte de los gobiernos anteriores al suyo.

El mayor logro del sector al mando de Morales fue conseguido durante el gobierno de Carlos Mesa, en 2004, cuando se aprobó un decreto reconociendo un cato de coca por familia lo que, en términos generales, representaba 7.000 hectáreas, las mismas que ahora serán elevadas a rango de ley en una Asamblea Legislativa dominada por el oficialismo.

Sin embargo, la propuesta de ley va a contramano de los datos que hablan de un masivo desvío de coca del mercado legal y también contradice el informe del Estudio Integral del Consumo de Coca, que estableció a finales de 2013 que en toda Bolivia se requieren 14.705 hectáreas para el consumo legal. La investigación fue financiada por la Unión Europea y demoró más de tres años en ser presentada por los ajustes metodológicos que exigió el Gobierno.

La decisión de legalizar una cantidad superior a la que realmente se necesita para el consumo tradicional y de hacerlo precisamente en el Chapare y no así en los Yungas es una implícita legalización de la materia prima de la cocaína.

A quienes lanzan esta crítica, el Gobierno suele replicar indicando que ahora encara una efectiva lucha contra el narcotráfico, a diferencia de lo que sucedía cuando la DEA permanecía en Bolivia.

Datos comparativos demuestran que en 2015 se incautaron 20,6 toneladas de cocaína y que en 2016 el decomiso trepó hasta 29,6 toneladas, lo que habla de la eficiencia de los agentes antidrogas, pero también de una intensificación de la actividad ilegal.

Lo llamativo del caso es que en dos operativos se incautaron gigantescas cantidades de droga. Uno de ellos ocurrió en Santa Cruz, en enero de 2016, cuando se secuestraron ocho toneladas de cocaína camuflada en baritina; el otro hecho sucedió en Patacamaya, donde se decomisaron, en agosto del mismo año, 7,6 toneladas camufladas en ulexita.

Las grandes cantidades de droga hablan de la presencia del crimen organizado en Bolivia, lo que es altamente preocupante.

Por eso, el presidente Morales está en uno de los momentos cruciales de su presidencia. Se encuentra en una encrucijada que le obliga decidir si quiere ser recordado como el líder de los cocaleros del Chapare o como Presidente de todos los bolivianos. La decisión que adopte será concluyente para su futuro político.

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