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    Cochabamba, 20 de Septiembre de 2018
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La libertad de expresión es patrimonio de la humanidad

Turismo
Morenada y elogio de la fiesta


[2018-02-14]
CARLOS-TORANZO-ROCA

Influido por la alegría del Carnaval, me toca hablar de música, de bandas –no de la Aduana-, de recuerdos carnavaleros; es necesario referirse a nostalgias porque en estos tiempos los jóvenes han copado las entradas de Carnaval, desde Oruro hasta los demás departamentos. Los lugares de baile para gente de más de cincuenta años son difíciles de encontrar; los changos han tomado todos los centros donde se pueda mover la cintura. No obstante, hay unas pocas viejotecas donde los mayores pueden divertirse, claro que ninguna de ellas le llega a los talones a las fiestas del Fantasio, ni la música que se oye tiene que ver con la que interpretaba la Swingbali.

Sin embargo, en una cantidad elevada de casas, en los martes de Carnaval no sólo se ch’alla, no únicamente se rinde homenaje a la Pachamama, sino que a continuación de eso viene el baile familiar. Ésta es la fiesta donde se juntan abuelos, padres, hijos nietos y nietas, ahí cada quien pone la música que le gusta, pero como los dueños de casa son mayores, no pueden ser dejadas de la lado las cuecas, morenadas, t’inkus y taquiraris. Hasta algunos bailan con música de Los Olvidados.

Las ronditas son muy apreciadas. En ellas se dice “orejitas, orejitas; ojitos, ojitos; cinturita, cinturita, media vueltita”, siempre se habla en diminutivo, aunque las cinturas sean bastante espaciosas y abundantes.

Un amigo mío, -cuyo nombre no quiero decir en público, baste decir que fue ministro de Estado-, se coló a una fiesta de unos desconocidos, se sumó a las ronditas y el pícaro dijo: “media vuelta, teti…”. Hasta ahora recuerda la paliza que le dieron antes de expulsarlo de esa fiesta a él y a sus amigos; desde entonces no baila ronditas.

Pero como en general se asocia el Carnaval con las farras, quiero aclarar que no es igual ir de fiesta que ir de farra. A esta última va cualquiera, tenga o no tenga kivo, sea el que costea o el que manguea. En cambio ir de fiesta es diferente, tiene más rango, en especial si vas a bailar morenada, pues como se sabe para bailar morenada “tienes que tener platita”.

Y es evidente, los prestes tienen que ser gente de mucho peculio, que lo muestran en los convites y en las fiestas, pues sino costean “biencito”, esos prestes no son bien vistos. El Gran Poder es la expresión máxima de la fiesta popular, pues en ella, más que la estética del baile, lo que interesa es la demostración de poder económico de los prestes y de los fraternos.

Ya quisiera el Círculo de la Unión tener el poder económico que muestran los empresarios populares en sus días de fiesta. El Gran Poder es la meca de la burguesía chola, también los prestes de Santa Cruz son la expresión máxima de las burguesías cunumis, allí las morenadas ya son parte del nuevo paisaje sociológico cruceño.

¿Quién no se antoja bailar diablada o morenada en una gran fraternidad? ¿Quién no se antoja ser invitado a un preste? ¿Quién no quiere bailar con la Intercontinental Poopó, con la Banda Pagador? Todos quienes van a mirar las entradas, jóvenes o viejos, al mover sus caderas al ritmo de las bandas sienten alegría, pero ante todo envidia por no estar adentro y no solamente como mirones.

Miles de mirones en las entradas de Oruro o en las graderías puestas para ver la Entrada del Gran Poder se mueren por ser parte de las fraternidades, no sólo de los Fanáticos, de Los Intocables o de la Señorial Illimani, sino también de los Señores de Colquepata, de los Transportistas a Charaña y hasta desearían bailar en los Siempre Vacunos. Es que bailar al ritmo de las bandas pesadas es una cosa sin igual.

Los prestes y los fraternos no lo saben, pero ello genera muchas envidias, más grandes que la cochabambina, por darse el lujo de tener convites impresionantes, fiestas con los mejores conjuntos de América Latina. En sus convites ellos bailan con Christian Castro, con la Sonora Dinamita, con los Auténticos Decadentes (no hablo de las clases medias decadentes, a las cuales se refiere una autoridad de gobierno).

Ah… y después de las entradas, los mirones van a sus casitas a comentar lo que observaron. En el camino comen su anticuchito, se toman su chela caliente. En cambio, los prestes y fraternos recién comienzan la fiesta en sus locales.

Carlos Toranzo Roca es economista y analista.








 

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